Cristóbal Aguilar Barea -CRISTÓBAL- y los Cuadernos de Roldán. Ensayo de aproximación. Por JESÚS RUBIO JIMÉNEZ

Cuadernos de Roldán con Cristóbal
Jesús Rubio Jiménez es Catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza, ya jubilado; fue en los últimos 25 años buen amigo de Cristóbal. En este trabajo de aproximación a los Cuadernos de Roldán se plantea como finalidad, ante todo, presentar una galería de dibujos del artista de temática variada, pero motivados y destinados a fines concretos.
Cristóbal en los Cuadernos de Roldán, no solo tuvo ocasión de ofrecer una muestra significativa de sus dibujos y de su habilidad para ilustrar publicaciones, sino que fue más allá: potenció y canalizó la expresión y difusión de obras de muchos compañeros de viaje artistas, tanto dibujantes como poetas y músicos.

Mientras elaboraba el libro Cristóbal Aguilar Barea, “Cristóbal”: Testimonio y Revelación, no tuve ocasión de ver una colección completa de la revista Cuadernos de Roldán, publicada en Sevilla desde 1988 hasta hoy mismo.[1] Sí que pude describir entonces otras publicaciones anejas a la revista, que completan el catálogo de impresos llevado a cabo por aquella activísima tertulia en aquellos años.[2]

La actual Asociación Cuadernos de Roldán ha creado y sostiene una página web dentro de la cual se puede acceder a sus publicaciones digitalizadas, entre ellas la revista Cuadernos de Roldán en cuyo diseño, elaboración e impresión tuvo Cristóbal un papel fundamental en su primera etapa, los 18 números que editaron entre 1988 y 1993[3]. Después Cristóbal desapareció de los Cuadernos y solo en dos números de los últimos años se han reproducido obras suyas como homenaje póstumo: tal sucede en el monográfico dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer en el número 99, en 2021, cuya portada reproduce el retrato del poeta sevillano que dibujó para decorar una pieza de cerámica en 2018. Y en el interior, otro “Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer”, con la efigie del poeta procedente del cuadro “El Bardo”, de su hermano Valeriano, que hoy se encuentra en el Museo de Artes Decorativas de Buenos Aires.

Este mismo año, en el número 114, dedicado a Antonio Machado y los caminos del exilio, han reproducido también uno de los retratos que realizó del poeta en cincografía, inspirado en una conocida fotografía del poeta.

Trabajando en la encuadernación artesanal de uno de los Cuadernos de Roldán. De izquierda a derecha: Francisco Núñez, Abelardo Rodríguez, Cristóbal y Manuel.

 Pero lo realmente importante fue la labor de Cristóbal, omnipresente en los 18 números de la primera etapa de la revista, que marcaron el rumbo de la publicación de manera definitiva. Cuando él se retiró, solo permaneció la cabecera que había dibujado y con el paso de los años se ha ido aprestando y variando, aunque permanecen ideas básicas que motivaron la creación de los Cuadernos: cada volumen es un monográfico sobre una ciudad o un tema; suelen estar dedicados a personas concretas o a las ciudades homenajeadas; conviven en sus páginas textos e imágenes con naturalidad complementándose de modo que hoy los 114 monográficos publicados ofrecen una atractiva muestra del devenir de la pintura y de la poesía sevillanas de los últimos cuarenta años, amén de un rico abanico de colaboraciones de artistas de otras latitudes y que van desde el premio Nobel José Saramago a poetas como Claudio Rodríguez, Antonio Gamoneda, José Luis Puerto, Pablo García Baena, Javier Salvago, Javier Egea, Luis García Montero, etc. Sin perder nunca, no obstante, el carácter local predominante en las firmas. Otro tanto sucede con la parte gráfica donde se encuentran reproducciones de obras de pintores como Pablo Picasso, Ramón Gaya y Joaquín Peinado entre otras muchas de artistas andaluces, además de Cristóbal: Manuel Baraldés, Yolanda Spínola, Francisco Cosano, Carlos Becerra, José Ramón Vaca, Miguel Pérez Aguilera, etc.

Tan dilatado recorrido y contenido merecen un estudio pormenorizado, pero el objetivo de este ensayo es más limitado y modesto: explicar la participación de Cristóbal Aguilar en aquella aventura cultural, dando cuenta de sus actividades, censando el grueso de sus colaboraciones gráficas, que subrayan su constante activismo cultural y como fue jalonando su trayectoria con una variada actividad plástica, aunando referentes cultos y populares. Otros asuntos y nombres serán citados de manera más impresionista y aleatoria. Hubo monográficos que reunieron escritos hasta de 67 autores y 27 dibujantes (nº 11, Salamanca); 43 poetas y 21 dibujantes (nº 14, Ronda) o 59 escritos y 22 dibujantes (nº 15, Toledo), etc. Imposible por tanto aquí dar una idea completa de Cuadernos de Roldán.[4]

Cristóbal Aguilar había vuelto a Sevilla en 1978, incorporándose a la cátedra de dibujo del instituto de Enseñanza Media Gustavo Adolfo Bécquer, tras haber residido en Ronda desde 1964. De inmediato se reincorporó a la vida cultural de la ciudad fomentando actividades en su centro educativo —organizaban conferencias, recitales, jornadas culturales y conciertos y editaban pliegos o la revista La Violondrina— y en otros ámbitos entre los que se cuenta la tertulia que tenía lugar en la taberna que regentaba Manuel Roldán, aficionado a la poesía y con variados intereses culturales. Con el ánimo de homenajearlo realizaron el número 0 de Cuadernos de Roldán en 1988: De trovos y arte de todas svertes, donde la mano de Cristóbal es evidente por todas partes: diseñó los títulos en la cubierta y portada, las letras capitulares para darle realce a la página; con cierta tendencia al arcaísmo —mantenimiento de la v por la u en ocasiones— y sobre todo incluyendo cinco retratos del cantinero firmados por él: de busto en la portada y en una letra capitular; en los otros leyendo, escribiendo sobre el mostrador, cruzado de brazos… Son ágiles apuntes como tantos otros que Cristóbal tomaba constantemente y que hoy se conservan en docenas de cuadernos de trabajo en su archivo.

Cristóbal: Dibujo de D. Manuel Roldán escribiendo en el mostrador de su taberna (1987)

Mas que una revista al uso, Cuadernos de Roldán era una carpeta de cartulina con hojas impresas también en papel de gran gramaje con la supervisión y el cuidado de Cristóbal y otros contertulios, en este caso en la sevillana Imprenta y Estereotipia de San Lorenzo, que se encontraba en la calle de Teodosio. Se tiraron cien ejemplares y tuvo una segunda edición con otros cien ejemplares, ya que hicieron corto en la previsión inicial de la tirada.

En labores de encuadernación. De izquierda a derecha: Antonio Cerrato, Francisco Núñez, Cristóbal y Abelardo Rodríguez.

 Los dibujos reproducidos alternaban sus páginas con otras con escritos de contertulios como Rafael Becerra, Rafael Arjona, Antonio Molina y una muestra de los poemas del propio Manuel Roldán. Perfilaron así no solo la personalidad del tabernero sino el ambiente distendido, pero culto de la taberna.

El éxito de esta primera incursión les animó a continuar y a perseverar en la singular aventura cultural, de modo que no tardó en salir el número 1: Jvglaria de taberna, dedicado a Juan Gallego, apodado “El Francés” por sus largos años de exilio en el país vecino, a quien Cristóbal retrató en la portada y después en el interior en la página 6; y también acodado en la barra de la taberna de Manuel Roldán (11).

Cristóbal: Retrato de Juan Gallego, «el francés»

 Juan Ortiz glosó en una “Foto al minuto. Casa Roldán, fundada en el año 30” (16-18), la trayectoria del establecimiento mientras Cristóbal establecía continuidad con el número 0 con un retrato de Manuel Roldán situado detrás del mostrador (15), y de quien incluyeron “Don Cristóbal y Don Rafael”, un poema sobre como dialogaban estos dos profesores clientes en la taberna. Otros textos y dibujos completaban la carpeta. Se tiraron 100 ejemplares en cartulina también supervisados por Cristóbal.

En los Cuadernos pasaban de lo personal a lo general de manera natural y fueron ampliando el radio de acción, de forma que el número 2, en 1989, lo dedicaron a Poetas de San Lorenzo, ilustrado con dibujos de Manuel Baraldés, Francisco Cosano, Luis María García y Luis Aguilar. Y con poemas de Fernando Ortiz, José Luis Puerto, Felipe Alcaraz, Rafael Arjona, Juan Ortiz, Enrique Martínez, José Antonio Raya…

Cristóbal dibujó para la portada, y luego en el interior, la Torre de San Lorenzo. También la “Bodega de San Lorenzo” (25), conocida por los parroquianos como Bodega de Marcelina, en honor a la señora que regentaba primorosamente la taberna. Una “Magnolia” (37) y en el colofón recalcaban que “Dejaron su sudor en la impresión y encuadernación Cristóbal Aguilar, Manuel Baraldés, Antonio Molina y Francisco Núñez, todos bajo la docta mano de Antonio Cerrato.”

Cristóbal: dibujo de parroquianos en la Bodega de Marcelina (1988)

 En el número 3, todavía en 1989 y del que se tiraron 400 ejemplares- entre bromas y veras celebraron a Nuestra Señora Manzanilla, con dedicatoria al tabernero Pepe Yebras Sotillo. Cristóbal dibujó la fachada de la taberna (4) y Manuel Baraldés unas escenas en su interior (15, 51).

Cristóbal: Dibujo de la fachada de la Bodega de Pepe Yebras, en la esquina de la calle Boteros con Alhóndiga.

 Otros dibujos completaban la ambientación: bodegones con botellas y vasos: de Luis Aguilar (13, 45) y Manuel Baraldés (39, 51). Escenas con retratos del tabernero situado detrás del mostrador (28) y de una clienta apoyada en este (38), que firmó Cristóbal. Y en los textos los cantos celebratorios del vino manzanilla de Francisco Núñez Roldán, Felipe Alcaraz, Marino Viguera, Ángel Leiva, Ezequiel Martínez, Fernando Ortiz, José Luis Puerto, Juan Ortiz… amén de dibujos de Carlos Becerra, Francisco Cosano, Yolanda Spínola…

Cristóbal: dibujo de Pepe Yebra, dueño de la bodega de la calle Boteros.

 Una novedad de este número fue la inclusión de la partitura “Alegrías” de José Luis Castro (26-27), con una delicada orla vegetal dibujada por Cristóbal. Las partituras musicales de música andaluza orladas con motivos vegetales diseñados por Cristóbal fueron habituales en números posteriores. Del mismo José Luis Castro: “Soleá” (nº 7, 11); “Bulerías” (nº 14, 42).

Cristóbal: partitura de una soleá de José Luis Castro Salanova.

 Del pianista flamenco José Romero, que compartía claustro en el instituto Gustavo Adolfo Bécquer con Cristóbal y estaba llevando a cabo una profunda investigación sobre las posibilidades de aunar piano clásico y cantes flamencos: “Seguiriyas” (nº 4, 38-39); “Torerías” (nº 6, 36); “Homenaje a Diego el del Gastor”: “Bulerías”, con transcripción de José Romero, partitura y composición gráfica una vez más de Cristóbal (nº 7, 38-39), acompañado con un bello poema de Alberto García Ulecia. 

Cristóbal: ilustración de una bulería de Diego del Gastor, transcrita por el pianista José Romero

 “Soleares” (nº 13, 40)[5]. Y, en fin, la partitura de una “Aurora de Arriate” (nº 7, 9); de Antonio Cintado, “Un villancico en clase” (nº 7, 36) y de Pérez Becerra, “Tangos. Padre nuestro” (nº 7, 54), en el número que dedicaron a la Serranía de Ronda en 1990.

Por el mismo camino de indagación en la cultura popular discurre el número 13, De cantes flamencos, con portada presidida por una guitarra, dibujada por Luis Aguilar (3 y 49) y con dedicatoria de la carpeta a “la Tomasa” y “a la Alameda”. Adornan el número: “Guitarrista” (7), de Moreno Galván; “Bailaora flamenca” (29), de Cristóbal.

Cristóbal: dibujo de flamenca

 Poemas de Carlos Álvarez (“En el fondo del vaso”, 13), Javier Egea (“Porque me llaman dos pozos”, 35), Pablo García Baena (“Niña de los Peines”, 42), Alberto García Ulecia (“Las nanas”, 44-45), Antonio Gamoneda (“Tarareando Nazim”, 47), Fernando Ortiz (“A altas horas”, 57), Javier Salvago (“Soleá”, 68) y un pequeño comentario de José Luis Puerto a unas declaraciones de Camarón sobre dos modos de cantar: “quejar la voz” y “cantar liso”, que él trasladaba a dos voces poéticas: a Cesar Vallejo el primer modo y a Jorge Guillén el segundo.

El acercamiento al cante se prolonga en numerosos poemas, que no es posible reseñar aquí; y esta apertura a la cultura popular andaluza se completa con referencias a otras manifestaciones de esta como la poesía amorosa en el monográfico 5, De Amores (1990), del que tiraron 300 ejemplares en la Imprenta y Estereotipia de San Lorenzo, radicada ahora en la Calle del Carmen, 11. Se alternan en él pinturas con retratos femeninos de mujeres jóvenes de espaldas de Cristóbal en Casa Roldán (31, 65), con “Una mujer”, de Manuel Baraldés (11) y una pareja de “Novios” (4), de Pepa Santos.

Cristóbal: Dibujo de mujer con trenza en la bodega de Manuel Roldán (1987)

 Y poemas amorosos de José Luis Puerto (“Amor, Honolulú”, 27), Javier Salvago (“Poema de amor”, 57), Fernando Ortiz (“Desde la tarde”, 63).

Cristóbal: dibujo de mujer de espaldas en la bodega de Manuel Roldán (1987)

 Elaboraron también un monográfico sobre la semana santa sevillana: Primavera Pasión, en 1992, con dedicatoria al escultor Juan de Mesa, del que editaron 500 ejemplares. En la portada un “Ecce homo”, dibujado por Cristóbal (2, 11), teniendo como referente el Cristo del gran Poder de Juan de Mesa.

Cristóbal: Dibujo del Gran Poder de Sevilla

 En Sevilla la celebración de la semana santa trasciende completamente a lo religioso católico para cargarse de connotaciones míticas más amplias. La devoción se convierte en rito de celebración pasional de la Primavera y así se comprueba en los textos de José Saramago (“Ate ao sabugo”, 12), Manuel Roldán (“A Jesús Nazareno”, 13), José Luis Puerto (“Pasión”, 17), Juan Ortiz (“Estampa Popular”, 19), Fernando Ortiz (“Inefabilidad del Edén”, 20), Rafel Montesinos (“El rito y la regla”, 23), Pablo García Baena (“Pasó entre los hombres”, 33) y hasta una visión del poeta social Carlos Álvarez (“Jesucristo según los evangelios”, 52-53)

Y en esta apertura a celebraciones populares no podía faltar mundo del toreo, que irrumpió en el número 6, Del arte de Birlibirloque (1990), dedicado al torero Pepe Luis Vázquez, del que tiraron 400 ejemplares. Desde la portada se hace referencia al asunto con una cabeza de toro dibujada por Cristóbal y enseguida al torero retratado por Cristóbal (5), quien además incluyó otro dibujo “Torero” (41) y desarrolló en la parte alta de las páginas una amplia tauromaquia con pequeños dibujos.

Cristóbal: Curro Romero a la verónica

 Realzaron la parte gráfica con pinturas de Pepa Santos (“Torero en capilla”, 21), José María Moreno Galván (“Torero”, 34); también el dibujo de una cabeza de toro con alas firmada por Picasso con esta anotación: “Los toros son ángeles que llevan cuernos” (7).

Dibujo de Picasso

 O un dibujo de Ramón Gaya (8) y pasando a los textos poemas como el de José Bargamín, casi un piropo:

El que lo piensa

lo dice y lo hace,

no es Domingo Ortega,

sino Pepe Luis Vázquez (6).

También poemas de Alberto García Ulecia, Fernando Ortiz, Juan Ortiz con unas “Seguidillas toreras y media verónica” (16-17), Javier Salvago, Rafael de Cózar o José Luis Puerto, quien trataba de ir más allá de la celebración festiva para escribir una “Celebración del rito” (24).

Sevilla estaba en el centro de sus intereses, pero no tardaron en dedicar monográficos a otras ciudades y solo en 1993 ocupará la ciudad bética un número completo, el 16, subrayada la atención a la ciudad con otro monográfico sobre Triana. Antes, no obstante, Aljarafe ya había copado en 1989 el número 4, saliendo a la periferia y como homenaje a Manuel Acevedo, “Juco de las cabras, / que por la noche se achispa / y por las mañanas canta” (3), retratado por Cristóbal (“Retrato de D. Manuel Acevedo, JUCO”, 57; y “Retrato de Manuel Acevedo”, 78). Hacerlo suponía varias cosas: homenajear a un campesino, a quien glosó Carlos Álvarez con “Cosas de Manuel Acevedo” (74). Y reforzaron su homenaje incluyendo poemas del propio Acevedo en las páginas 10 a 14.

Cristóbal: retrato de Manuel Acevedo «Juco».

 Inició en este número Cristóbal otra serie de dibujos de paisajes en las portadas con una “Vista de Aljarafe” (3, 4). Paisajes y vistas que reiteran otros en el interior: José Ramón Vaca (“Paisaje”, 9), Carlos Becerra (“Palmera”, 17), Manuel Baraldés (“Campesino”, 76), … jalonados con textos de José Luis Puerto (“Un jardín al olvido”, 14-15), Luis García Montero (“Desordenadamente”, 36), Javier Salvago (“Ciudad”, 46-47), Fernando Ortiz (“Canción de albada”, 66) o Felipe Alcaraz (“Volverá a tronar ya pronto”, 67). El contraste entre el mundo urbano y rural atraviesa todo el número con la voluntad de integrarlos.

Cristóbal: Monasterio de Loreto, Espartinas (Sevilla)

 Cristóbal, como queda dicho, había vivido durante varios años en Ronda y allí se impregnó de por vida de la cultura campesina, que trasladó a la tertulia y a los Cuadernos de Roldán, impulsando la elaboración de dos monográficos: el número 7 en 1990, Serranía, que contó con una ayuda del ayuntamiento de Arriate, pueblo al que estaba directamente dedicado el número. Cristóbal había pintado al aire libre en Arriate y poblaciones cercanas durante los años rondeños y estableció un amplio círculo de amistades en el entorno campesino de aquellos pueblos. Siempre interesado en la cultura popular como dirán en una copla anónima en el volumen dedicado a Lisboa:

Como el arte y la cultura

nacen de lo popular,

el pueblo tiene por cuna

los “Cuadernos de Roldán” (nº8, 6).

Se deja sentir todo ello desde la portada: “Paisaje de Arriate con un árbol en su centro” (4, 6).

Cristóbal: Encina

 Se había familiarizado con las gentes que ejercían oficios sencillos: hortelanos, pastores. De aquí el dibujo de Cristóbal “Zapatero en su taller” (20) y había impulsado ya con un grupo de amigos el festival de flamenco de Ronda, que se hace presente en textos como “A Diego del Gastor” (10), de José Bergamín; “La guitarra” (19), de Fernando Ortiz; “Guitarra” (27), de Javier Salvago. Las partituras, ya mencionadas de la “Aurora de Arriate” y las de José Luis Castro, el villancico de Antonio Cintado y los “Tangos, Padre nuestro”, de Pérez Becerra. El paisaje asomaba en los poemas de José Luis Puerto (“Aquí el invierno”, 23), en el del rondeño Juan Ortiz (“Pinsapo milenario”, 30) o “Ronda” (43), de Javier Villán.

Cristóbal: dibujo del zapatero de Arriate

 Ronda, contemplada majestuosa desde distintos ángulos e interpretada desde distintas artes fue el tema del monográfico número 14, en diciembre de 1992, abierta con una “Vista de Ronda”, firmada por Cristóbal, en forma de tondo.

Cristóbal: Vista de Ronda

 Cuidados textos sobre la ciudad: Pedro Pérez Clotet (“Ronda”, 10), Pablo García Baena (“Ronda”, 34-35), Juan Ortiz (“El baño de la sultana”, 50), José Luis Puerto (“Ladera del invierno”, 53), Javier Salvago (“Anochecer”, 62) y José Saramago: “Paseeio” (65). Se deshilaba el número por el lado del toreo con la pintura “Torero” (24), de Moreno Galván; en la reproducción de la pintura de Antonio Carmona, “Pastor con cordero al hombro” (53) vibra el recuerdo de la “Trilogía española” de Rilke con su iluminadora experiencia rondeña: de hecho iniciaron el volumen con un fragmento de estos célebres poemas (9); y el eco rilkeano se prolonga con la presencia en la revista de un dibujo del escultor Nicomedes Díaz Piquero, quien junto a Cristóbal y otros rondeños levantaron el monumento a Rilke en los jardines del Hotel Reina Victoria en aquellos años.

En el Hotel Reina Victoria de Ronda, junto a la escultura de Rilke. De izquierda a derecha: María, mujer de Cristóbal, junto a la mujer de Jose Carlos Abadía y su hijo, Cristóbal, María y Aurelio Alvea, Conchita, Nicomedes (autor de la escultura), Nedal Amir y Juan Paredes.

 Cristóbal homenajeaba así al escultor amigo y no desaprovechó la ocasión de homenajear al pintor rondeño Joaquín Peinado quien comparece por partida triple: con un “Retrato de Joaquín Peinado” (20), de Cristóbal; con la reproducción del dibujo de Picasso “Mano” con dedicatoria “Para mi querido Peinado a quien le doy mi mano (París, 16 de noviembre de 1939)” (43). Y, en fin, del propio Peinado reprodujeron el dibujo “Pareja humana” (54).

Cristóbal: retrato de Joaquín Peinado

 Otras ciudades andaluzas también fueron homenajeadas: Córdoba en el número 9, aunque con el título de Cántico, cuyos 700 ejemplares se distribuyeron en 1991 y que era un homenaje dedicado a Pablo García Baena y Miguel del Moral, los impulsores del grupo poético Cántico, que ya iba siendo reconocido. Francisco Cosano diseñó para la portada una “Vista de Córdoba” (3) y ya dentro se suceden textos de Pablo García Baena (“Plaza del poeta Juan Bernier”, 9-10), Juan Bernier (“A Córdoba, 11), Ricardo Molina (“Los soñadores”, 13), Vicente Núñez “Tarjeta para Juan Bernier”, 14), Julio Aumente (“Soneto al arcángel san Rafael”, 15), Eduardo Álvarez Heyer (Olenas presencias donde el arco acaba”, 21-23), Juan Ortiz (“ A Milagros”, 66) o José Luis Puerto con (“Lejana y sola”, 70), inspirada en la conocida canción lorquiana sobre la ciudad.

Intercalados dibujos de Miguel del Moral (“Cabeza”, 5), Luis Avando (“Una mano escribiendo”, 16), Manuel Baraldés (“Mujer”, 20), Antonio López (“Hombre acostado”, 60), Miguel Pérez Aguilera (“Perro”, 63) y Cristóbal (“Retrato de escritor sentado”, 44).

También Huelva fue objeto de un monográfico publicado en noviembre de 1991: Onuba. Dedicado a Eduardo Álvarez Heyer, a quien retrató Cristóbal (5, 10), que incluyó también en su parte final un “Ramo de flores” (97), uno de los asuntos constantes de su pintura que en Cuadernos de Roldán no prodigó salvo en orlas y en algunos detalles de vistas de ciudades. Del poeta homenajeado incluyeron “el poema “Verano del treinta y seis” (11-12)

Se dejan sentir algunas voces poéticas locales como las de Manuel de Lara (“¿Qué palma?”, 48) y Juan Carlos de Lara con (“Canción” (49), pero inevitablemente las evocaciones literarias se van hacia Juan Ramón Jiménez, de quien se ofrece al comienzo un retrato firmado por Yolanda Spínola; José Luis Puerto (“La luz con el tiempo dentro”, 33), Juan Ortiz (“En Moguer, tu pueblo”, 37); y otras firmas habituales en la revista: Javier Salvago (“Imagen del desengaño”, 19), Fernando Ortiz (“Primeras ediciones”, 39), Alberto García Ulecia (“Marina de la ausencia”, 56).

La parte gráfica recoge delicadas contribuciones de Pérez Aguilera (“Gato”, 13), María León (“Mujer y perro”, 16), José María Andrés Franco (“Marina”, 24), Pepa Santos (“Platero”, a J. R. J., 43), Manuel Baraldés (“Mujer”, 46), …

De fuera de Andalucía atrajeron su atención Salamanca y Toledo. La primera fue homenajeada en el número 11, aparecida el 28 de febrero de 1992, día de Andalucía, con dedicatoria a José Luis Puerto, quien era colaborador muy activo de la revista como se va viendo y uno de los mejores amigos de Cristóbal, que compartía claustro en el instituto Gustavo Adolfo Bécquer. Originario de La Alberca fue el introductor del artista en la provincia de Salamanca.[6] Subraya la cercanía familiar y amistosa el dibujo de Luis Aguilar (“Árbol”, 35), dedicado a José Luis Puerto.

El volumen se abre con una “Vista de la catedral”, que se reitera después (5, 10) de Cristóbal. La refuerza otra vista de la ciudad de Manuel Baraldés (74). De Nicomedes Díaz Piquero, “Rama de un árbol frutal” (21), etc.

Cristóbal: Vista de la Catedral de Salamanca

 Textos de José Luis Puerto (“Hacia poniente, la ciudad”, 9) y llamativos resultan Vicente Núñez con “Visión de Churriguera” (8), Eduardo Álvarez Heter, “Anunciación” y del poeta social Carlos Álvarez, “Yo, la revolución” (93). Y manteniendo el aire local Luis García Jambrina.

Toledo, número 15, editado en 1993, se abre con una “Vista de Toledo”, de Cristóbal, que es una variación del célebre cuadro de El Greco con una vista panorámica de la ciudad durante una tormenta.

Cristóbal: vista de Toledo

 El carácter de homenaje al pintor toledano de adopción por excelencia lo subraya otro dibujo de Cristóbal, “Virgen” (72), extraído de otra pintura de El Greco. Era un tipo de obras que el pintor ejecutó en sus años de madurez con frecuencia como un modo de conocer más y mejor la tradición de la pintura española a la par que homenajeaba a los grandes maestros de esta.

Cristóbal: dibujo de una Virgen

 El poema de José Luis Puerto “Toledo en la tormenta” (74) glosa a su manera tanto a El Greco como al cercano amigo Cristóbal:

Desciende de los cielos

Sobre almenas y torres,

Sobre augusta ciudad

Trazada con el blanco de la plata,

La tormenta y la furia.

Entregada a su vértigo,

Al fuego de la luz y la tiniebla,

La ciudad indefensa entre los montes.

Cubre el cauce del río

Una honda oscuridad que niega el mundo.

¿En ese espacio estamos?

¿Quién habita en las fábricas labradas

Por las manos de maestros alarifes?

Arrebatadas luces

En torbellino encienden el espacio.

¿No veis los árboles, las plantas,

El caserío, las hierbas,

Pulgir en el color al que se entregan

Entre los intersticios de las sombras?

Está en nosotros, en nuestras estancias,

Ese espacio tormenta,

Ese vértigo oscuro, vertical,

Que iluminan las alas de la luz,

De azul, de plata y verde. (74).

También Salvador Compán reincide en el asunto realizando una écfrasis de “Vista de Toledo. El Greco. Metropolitan Museum. Nueva York” (104).

Resulta llamativo en este volumen ver como, entremezclada con traducciones de poemas de poetas musulmanes, se cuela la vida cotidiana en los dibujos de Manuel Baraldés: “Dos hombres” (20), pero sobre todo en algunos poemas: de Carlos Álvarez, “Díptico de expolio y lucha” y el bellísimo poema de Claudio Rodríguez “Alto jornal” (103). En realidad, el repaso de la revista produce la impresión de que el homenaje a la ciudad de Toledo se tensiona y comparte espacio con una antología de selectos poemas como los citados o los de Agustín García Calvo (“Al punto de amanecer”, 57), Luis García Jambrina (“Aviso al lector”, 59), Juan Ortiz (“A estas hojas secas”, 69), Javier Salvago (“Los buenos propósitos”, 93) y de José Saramago “Soneto atrasado” (94), que abren la lectura hacia otros ángulos y establecen inesperados diálogos con las imágenes con las que conviven en páginas cercanas.

Desde los años sevillanos de Estampa Popular, Cristóbal se había habituado a editar poesía acompañada de grabados suyos y de otros compañeros de viaje en carpetas con las que trataban de difundir la poesía y la pintura comprometidas. Este hábito subyace en la publicación de Cuadernos de Roldán con su peculiar formato, que se acerca a aquellas carpetas y por otro lado no deja de ser una revista. Y sin olvidar que la serie numerada de Cuadernos de Roldán convivió siempre con la edición de otras carpetas sueltas dedicadas a personajes relevantes.

En una ocasión fue una ciudad no española la homenajeada: Lisboa. En el número 8, del que tiraron 600 ejemplares y se publicó en 1991. La razón se encuentra en la dedicatoria a José Saramago, de quien abre el volumen un fragmento sobre la vida en la ciudad (7). El futuro premio Nobel había participado en la tertulia sevillana, estableció buenos lazos con sus miembros y sus colaboraciones —ya ha habido ocasión de citar alguna— salpican las páginas de Cuadernos de Roldán.

En una tasca de Lisboa, el día que fueron a visitar a José Saramago. De izquierda a derecha: Francisco Núñez, Rafael Becerra, los dos taberneros, Antonio Molina, Cristóbal y Antonio Cerrato (1990)

 En la portada una vista de Lisboa: “Baixa” (3), dibujo de Manuel Baraldés.

Baraldés: dibujo de Lisboa

 De Cristóbal, además, después: “AL AMERIA”, con un busto de mujer (19); y salta a la vista de inmediato la omnipresencia de Fernando Pessoa y sus heterónimos: Ricardo Reis (“Para ser grande, se inteiro: nada.” (8); “Álvaro de Campos” (44-45) formando una bella composición en torno al poema:

Nao quero nada,

Já disse que nao quero nada.

Nao me venham com conclusoes.

A única conclusao é morrer.

Nao me tragam estéticas!

Nao me falen en moral!

Tirem-me daqui a metafísica!

Cristóbal: Fernando Pessoa y el barco

 Y de Alberto Caeiro una afirmación más del nihilismo pessoano al que conduce la disolución del yo:

Nao basta abrir a janela

Para ver os campos e o río.

Nao é bastante nao ser cego

Para ver as árvores e as flores.

É preciso tambem nao ter filosofía nenhuma. (63).

El volumen lisboeta es muy variado y sugestivo con un abanico desplegado de textos poéticos también de otros autores portugueses en su lengua: Rui Kalda (“Enabell Bell”, 11); Miguel Torga (“É de pedra esta triste melodía”, 15); Vergilio Alberto Vieira (“Un ramo / de chuva”, 34). Y españoles: Francisco Bejarano (“Lisboa”, 12), José Luis Puerto (“Peregrinos del tiempo”, 13), Vicente Núñez (“La cometa de Poly para Lisboa”, 16-17), Javier Salvago (“Declaración de intenciones”, 25), Pablo García Bena (“Plaza del Comercio”, 26), Fernando Ortiz (Oda al regreso del Rey don Sebastián”, 48-49).

Cristóbal con José Saramago, Premio Nóbel de Literatura, en una reunión de Cuadernos de Roldán en el bar La Palma de Oro (Sevilla). De derecha a izquierda: Antonio Molina, Carlos Padilla, Cristóbal, José Saramago, M. José Carrasco, Manuel Carrasco. Sentada: María, mujer de Cristóbal.

 En ocasiones textos e imágenes en una sola página como en el poema dibujado por Rafael de Cózar donde comparece la silueta inconfundible de Pessoa en un nimbo de versos (46).

Rafael de Cózar: dibujo y poema

 Intercaladas composiciones plásticas de Antonio Badía (“A de la Serna”, 33); escena callejera con mujeres de Fernández Barrio (54) y hasta una partitura musical sin título de Pepa Sanchez (66-67).

Fernández Barrio: grabado

 Para ir acabando este somero repaso de Cuadernos de Roldán es el momento de volver a Sevilla, a la que dedicaron el número 16, en abril de 1993, estampado en Salado Industrias Gráficas. El volumen está dedicado “A Manolo Baraldés”, pintor del grupo sevillano de Estampa Popular muy activo en la tertulia y que colaboraba habitualmente con sus excelentes dibujos en la revista. En esta ocasión lo hizo con “Mujer oriental” (64).

Baraldés: dibujo de mujer

 El dibujo de una ventana musulmana en la portada invita a penetrar en el mundo intimista sevillano y dentro se suceden viñetas de jardines como la composición de Maruja Manrique (51); “Muchacha leyendo” (55), de Pérez Aguilera; “Paisaje” (58), de Cristóbal y un apunte del escultor Nicomedes Díez Piquero.

Cristóbal: dibujo del Puente de Triana y la Giralda

 El encomio de Sevilla corre a cargo de los poetas Eduardo Álvarez Heyer (“Legada luz”, 26); Pablo García Baena (“Homenaje a Rafael Laffón”, 53); Alberto García Ulecia (“Plaza sevillana”, 56); Fernando Ortiz (“Tardes de estío”, 68); Juan Ortiz (“No era solo el azahar”, 69); Javier Salvago (“Sevilla”, 83). Conviven con textos de mayor amplitud temática: Carlos Álvarez glosa apropiándoselo con las consiguientes variaciones el célebre “Autorretrato” de Antonio Machado (“Autorretrato machadiano”, 24-25); José Luis Puerto (“Resurrección”, 72); José Saramago (“Diz tu por mim, silencio”, 85); y Julia Uceda: “La extraña” (89).[7]

Pero quizás lo más llamativo son las colaboraciones de varios poetas nicaragüenses encabezados por un “Epigrama” (12), de Ernesto Cardenal y al que siguen poemas de José Coronel Urtecha (“Cuando ha llovido toda la mañana”, 10), Fernando Silva (“Velorio”, 13), Luis Rocha (“Una palabra nueva”, 14), Giocondo Belli (“Dando el pecho”, 16) y Julio Valle-Castillo (“Lápida para los mártires de Solentiname (hablada Garza)”, 17). Eran los años en que los mensajes de la teología de la liberación alcanzaban protagonismo en la vida política con su invitación a la revolución sin perder de vista el horizonte cristiano primitivo.

Cuadernos de Roldán con Cristóbal
En el bar La Palma de Oro, la que fue sede oficiosa durante muchos años de Cuadernos de Roldán. De izquierda a derecha: Cristóbal, Pepe Gil, Antonio Cerrato, Aurelio Alvea. Sentados: Juan Gallego, el francés, y Carlos Becerra.

 Y finalmente cerró esta primera etapa de Cuadernos de Roldán, el número 17, un monográfico sobre Triana, dedicado “A Manuel Carrasco”. Como de costumbre se ocupó de la confección del número Cristóbal, secundado por Juan Ortiz y Santiago. Se tiraron 400 ejemplares.

Mantiene el tono del volumen anterior, iniciándose con una “Vista de Triana” (5) en su portada, de Cristóbal.

Cristóbal: vista de Triana

 Otras ilustraciones de Ramón Gaya (“Mujer”, 17); Maruja Manrique (“Jardín”, 34); José María Andrés Franco (40); Nicomedes Díez Piquero (“Torero”, 46); Manuel Pérez Aguilera (“Pájaro”, ); unas “Flores” (55), de Manuel Baraldés; una “Cantaora flamenca” (59), de Moreno Galván; una “Mujer” de Cristóbal, que acaso puede considerarse una alegoría de Triana.

Cristóbal: retrato de mujer

 Después de este número, como he adelantado, Cristóbal se distanció de la revista en la que se había volcado durante aquellos años, ocupándose de todos los aspectos de su elaboración para llevarla siempre a buen puerto y derramándose en multitud de colaboraciones plásticas. Un conteo nada detallado —sin sumar el diseño general, las capitulares o series como la tauromaquia— arroja como resultado más de sesenta obras de Cristóbal, que dan cuenta de su inconfundible estilo de madurez y de cuáles eran sus intereses temáticos como se ha ido viendo en la galería de imágenes que se incluyen en este repaso de las carpetas de Cuadernos de Roldán. Introducen al lector curioso en el mundo del dibujo del artista, apenas considerado hasta hoy y que cuenta con varios miles de dibujos conservados en sus cuadernos de trabajo.

Nada tiene de extraño, visto lo visto, el que en algunos momentos, sus compañeros de viaje en la aventura editorial, dedicaran textos explícitamente a Cristóbal. Así, un asiduo contertulio y colaborador en la revista, Antonio Molina, en el número 4 incluyó este poema “A Cristóbal”:

Quiero ser un árbol,

quiero ser paisaje,

quiero ser lienzo

de tu equipaje. (37).

Juan Ortiz, “Estampa popular”: “A Cristóbal, mi hermano mayor, que me enseñó a mirar” sobre el Cristo del gran Poder de Juan de Mesa.

Este ensayo de aproximación a los Cuadernos de Roldán tiene como finalidad ante todo presentar una galería de dibujos de Cristóbal de temática variada, pero motivados y destinados a fines concretos. Cristóbal en los Cuadernos de Roldán no solo tuvo ocasión de ofrecer una muestra significativa de sus dibujos y de su habilidad para ilustrar publicaciones, sino que fue más allá: potenció y canalizó la expresión y difusión de obras de muchos compañeros de viaje artistas, tanto dibujantes como poetas y músicos. Lo que comenzó siendo producto de una animada tertulia sevillana se convirtió en pocos años en una de las manifestaciones notables de la cultura de la ciudad.

Cristóbal había tenido que dejar su ciudad en los años sesenta porque su seguridad personal estaba en peligro por su activa participación desde Estampa Popular y su militancia comunista. Volvió ahora a integrarse en la vida cultural sevillana maduro y en plenitud creadora sin que su entusiasmo hubiera decaído lo más mínimo. Supeditó siempre su arte a su función social y cuando hablaba de arte popular estaba refiriéndose tanto a manifestaciones artísticas populares andaluzas que admiraba como a los destinatarios de aquellas producciones artísticas. Educar la sensibilidad de los ciudadanos fue siempre una de sus mayores preocupaciones.


[1] Jesús Rubio Jiménez, Cristóbal Aguilar Barea –Cristóbal-: Testimonio y Revelación, Sevilla, Diputación Provincial de Sevilla, 2025.

[2] Homenaje a Pasionaria, 1895-1989, Sevilla, Cuadernos de Roldán y Sindicato de Enseñanza de CC. OO., 1989. Juan Ramón Jiménez, Poemas inéditos, Sevilla, Cuadernos de Roldán, 1991. A Miguel Hernández, 1910-1942, Sevilla, Sindicato de Enseñanza de CC. OO. y Cuadernos de Roldán, 1992.

[3] Página web: https://cuadernosderoldan.com. Cito la revista en este ensayo remitiendo a sus números y páginas en el texto con los datos imprescindibles, pero no exhaustivos, para su localización. Se puede completar la información con el número completo del monográfico correspondiente digitalizado.

[4] En varias entradas del blog Estampa Popular. Cristóbal Aguilar Barea se proporciona información dispersa sobre diferentes aspectos de aquella tertulia y hoy asociación cultural sevillana. Y el volumen Cuadernos de Roldán. Antología, Sevilla, Renacimiento, Espuela de Plata, 2020.

[5] Cristóbal diseñó en ocasiones los programas de mano para los conciertos de José Romero. Ilustró su libro, La otra historia del flamenco. La tradición semítico musical andaluza, Sevilla, Consejería de Cultura, Centro Andaluz del Flamenco, 1996, 2 vols.

[6] Antes he citado otro homenaje al poeta salmantino publicado en el instituto Gustavo Adolfo Bécquer. Cristóbal ilustró varias obras de José Luis Puerto, que reseñé en mi libro Cristóbal Aguilar Barea, “Cristóbal”: Testimonio y Revelación, ob. cit.

[7] Según el colofón de la revista se repartió, además, con un suplemento del poeta granadino Eduardo Alvea, que no he tenido ocasión de ver.


Se realiza esta publicación web coincidiendo con el 87 aniversario del nacimiento de Cristóbal, un 29 de agosto de 1939, en la calle Niña, del barrio de El Fontanal de Sevilla.

2 comentarios en «Cristóbal Aguilar Barea -CRISTÓBAL- y los Cuadernos de Roldán. Ensayo de aproximación. Por JESÚS RUBIO JIMÉNEZ»

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