Cristóbal. Grabado en la Memoria. Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván

Desde el pasado 13 de mayo hasta el 26 de junio de 2022 se podrá visitar la exposición Cristóbal. Grabado en la Memoria, en el Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván, en La Puebla de Cazalla.
En esta exposición hay más de 50 obras, entre las que se encuentran grabados realizados en distintas técnicas: aguafuertes, linóleos, xilografías y litografías. Dichas obras fueron realizadas entre 1960 y 2014. Esta exposición ha sido comisariada por José Ignacio Pérez Tapia y Luis Aguilar, y organizada por el Ayuntamiento de La Puebla de Cazalla y CC.OO.

La inauguración tuvo lugar el pasado viernes, día 20 de mayo y se hizo coincidir con la X edición del Festival de las Letras. El acto conjunto que tuvo lugar, fue presentado por Miguel Ángel Rivero, Concejal de Cultura. En él intervinieron José Ignacio Pérez Tapias, por CC.OO. y Luis Aguilar, hijo del artista. A continuación se celebró un recital de poesía y de música en el que participaron los poetas Ernesto Suárez, Yolanda Ortiz, Sergio R. Franco, Ernesto García López y Alejandro Simón Partal. La cantautora local, Paloma Tienda protagonizó el concierto acompañándose al piano.

Miguel Ángel Rivero, José Ignacio Pérez Tapias y Luis Aguilar, en la presentación de la exposición
Acto de presentación de la exposición
José Ignacio Pérez Tapias y Luis Aguilar, comisarios de la exposición
Alejandro Simón Partal, recitando sus poemas
Paloma Tienda

Hablar del grabado de Cristóbal Aguilar Barea, o Cristóbal, como firmaba sus obras, es hablar de su vida.

Cristóbal estudió grabado calcográfico en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, con su maestro Jesús Fernández Barrio.

En el verano de 1960, en París, estudió linograbado y xilografía con el manchego José Ortega. A su vuelta, junto a Francisco Cortijo y Francisco Cuadrado, todos comunistas, crearon el Grupo Sevilla de Estampa Popular, que se multiplicó en varias ciudades españolas.

Estampa Popular fue un movimiento de artistas, grabadores e ilustradores que surgió en España y más concretamente en Madrid, a finales de los años cincuenta, liderado por el mencionado José Ortega. Fue un movimiento artístico de lucha por la libertad, la democracia y contra el franquismo.

Cristóbal muestra en sus grabados la realidad que vive. Sus temas nunca son neutrales y, parafraseando a Gabriel Celaya, detesta el lujo cultural.

Representa la vida dura del trabajador, del campesino, su interés por informarse junto a sus compañeros del tajo, en la reunión clandestina, en la taberna, en el corro ante el cartel reivindicativo o en torno al informante llegado de la ciudad que les habla en campo abierto. Los grupos son minoritarios, convocados boca a boca. Los rostros surcados de arrugas son el retrato de las vejaciones sufridas durante siglos.

Cristóbal ha comprendido y compartido la singular importancia de la incorporación de las masas a la historia. Dibuja, traza y talla sin la retórica académica ni la ganga atildada que tanto admira la burguesía. No se deleita en la línea virtuosa, tampoco en el remedo tremendista, porque el terror franquista no necesitaba los escenarios de Piranesi para acogotar a las víctimas en un chanceo opresivo de onda creciente como las que teorizó Gombrich. Por no quedarse en la apariencia del momento histórico representado, en tanto que sus modelos y él comparten vivencias.

Como se ha dicho, Cristóbal no se expresa desde el yo estilista de forzada poética personal, sino desde su posición social de trabajador en el arte entre otros trabajadores. Es uno más en la masa, que no es la suma de individualidades.

Como Antonio Machado, uno de sus grandes retratos, al lado del soberbio de El Che muerto, Cristóbal rehúye de los signos sociales superficiales y, como el poeta, centra su pensamiento y su voluntad en el trabajo y en la dignidad, en los que el hombre encuentra sentido a la vida. Otorga valor revolucionario a la palabra, a la comunicación entre la gente. Su obra no denota su sentimiento, sino “nuestro” sentimiento, el del mundo obrero, sin localismos ni costumbrismos.

El profesor Valeriano Bozal, en referencia a los grupos de Estampa Popular, ha expuesto sus características: Respecto a los sevillanos Cortijo, Cristóbal y Claudio Díaz escribió que se mueven “entre el realismo de la vida cotidiana y el realismo social”, con una visión intimista alternativa al grabado académico y, al mismo tiempo, al informalismo.

Respecto a Cristóbal, destaca “el realismo de las estampas en detrimento del expresionismo  (…) nunca abandonará el realismo anecdótico, cuidadoso de las pequeñas cosas, del entorno de una perspectiva muy propia de la pintura sevillana”.  El propio artista, dijo que se trataba de “denunciar y ofrecer testimonios sobre la realidad social de aquellos momentos. Entendíamos el arte como protesta inteligible para todos y dirigido a la inmensa mayoría”.

El mismo José María Moreno Galván, en su libro La última vanguardia, de 1969, dijo de él: Cristóbal también es un original, a pesar de valerse inequívocamente del consabido linóleum y de la iconografía campesina. Su relato carece de gesticulación o, mejor dicho, no posee más gesto que el de su silencio. Ni sus personajes, ni las actitudes de sus personajes, se valen nunca del estereotipo.  Poseen la frescura matinal de una visión que, en cada caso, es inédita. Y cada persona tiene su carácter personal. Es una visión nueva, llena de extraña poesía, de realismo…

En esta muestra Cristóbal, Grabado en la Memoria, no sólo se pueden ver los grabados de esa época de Estampa Popular, sino que hay todo un recorrido por la obra gráfica que el artista forjó a lo largo de toda su vida. El grabado fue su especialidad y aunque durante distintas momentos de su vida se centró más en la pintura al óleo o en las acuarelas, jamás abandonó esta disciplina, a la que recurría con bastante frecuencia. Los últimos que realizó fueron en 2014 y fueron cuatro xilografías en homenaje a dos de sus poetas predilectos, Miguel Hernández y Antonio Machado. Junto a estos, otras obras de clara denuncia social y política, como la amnistía para el Proceso 1001, la Paz, la solidaridad con el pueblo saharaui o la emigración. Todos ellos forman parte de esta exposición.

Otro ejemplo de ello, fueron los carteles que realizó para las distintas ediciones del Festival de Cante Grande de Ronda. Junto con su buen amigo Juan Ortiz Ordóñez, se embarcaron en la altruista organización de aquellos primeros festivales de cante, junto a otros buenos amigos como José Manuel Montes o Gaspar Carreño, entre otros.

El primero se celebró en 1969 y por aquellos primeros Festivales de Cante Grande en Ronda pasaron los mejores artistas de la época: Diego del Gastor, Paco de Lucía, José Romero, Antonio Mairena, Fernanda y Bernarda de Utrera, Camarón de la Isla,  Terremoto de Jerez, El Borrico, José Menese, Antonio Núñez «Chocolate», Agujetas, Fosforito, Farruco, Farruquito, María Vargas…

Como se ha comentado, el legado artístico de Cristóbal quedó reflejado en los carteles que se editaron, que eran auténticas litografías, realizadas en los talleres de Gráficas del Sur. En esta muestra se encuentran cuatro carteles, los correspondientes a los tres primeros festivales y el de la décimo segunda edición. Toda esta muestra de Cristóbal es un compromiso histórico con su tiempo, con la Memoria. Como diría el mismo Juan Ortiz, su obra es la de un clásico contemporáneo.

Más información, aquí: http://macmorenogalvan.pueblacazalla.com/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.